sábado, 26 de agosto de 2017

LO BIEN QUE LES RESULTA





Es bonito, si, queda bien, si, nos sentimos mejor, si, nos movilizamos, si, sirve para algo práctico, no, y esto lo sabemos todos.

Si una manifestación sirviera para parar el terror, no una sino cien serian bien recibidas, esta de hoy no se bien que opinar, que pensar ni como calificarla.


De entrada:


Fortísima pitada al llegar el Rey y el presidente del Gobierno. Puigdemont y Colau también asisten. La protesta está encabezada por médicos, policías y comerciantes de La Rambla, tras una pancarta con el lema No tinc por! (¡No tengo miedo!).


Lo que demuestra un signo manifiesto de desunión y politiquo en grado sumo.

Asqueroso como es habitual últimamente.

No, ese no es el camino ni la forma, nunca la desunión ha sido conveniente cuando de luchar se trata, tampoco las manifestaciones masivas han servido jamás para parar a los fanáticos asesinos.


De eso los españoles sabemos mucho tras habernos manifestado decenas de veces para parar el terrorismo etarra.

De nada sirvió para evitar el asesinato de Miguel Angel Blanco, ¿o se les ha olvidado a estos que silban y gritan cuando deberian mostrar respeto y silencio al menos por las víctimas y los familiares de ellas?.

Ni ahora damos un buen ejemplo, que pena de país que ni tan siquiera para manifestar su duelo se une.


Sinceramente pienso que lo de hoy no sirve absolutamente para nada, única y exclusivamente para lavar conciencias, abrir grandes titulares en la prensa y pasado mañana pasar página y esperar el siguiente golpe.


La risa que les dará a los terroristas semejante slogan, por supuesto que con miedo no podemos ir a trabajar, tomar el metro o el autobús, pasear por las Ramblas o la Gran Via, en definitiva lo que es vivir.


No obstante aún sin miedo si debemos exigir medidas de protección, no puede ser que un sujeto fichado, investigado, expulsado, que viajó a Belgica y le expulsaron, sea finalmente perdonado, eximida su expulsión de España por un juez, vaya y venga a voluntad por este país captando adeptos en una mezquita o en su casa particular.


Funcionando así de forma tan irresponsable en mi caso podría decir "yo si tengo cierto miedo" y me lo aguanto.

¿Que voy a hacer, quedarme en casa?.

Por supuesto que no, cuando en Madrid explotaron los trenes uno de ellos en el anden en el que semanalmente yo tomaba el tren para ir a Ciempozuelos, no dejé de tomar el tren pensando lo que allí mismo había sucedido una gran masacre.

¿Miedo?, no, simplemente sentir una sensación extraña de impotencia y cierto pavor pensando en lo ocurrido, saber que decenas de personas habían quedado despanzurradas allí mismo, y por supuesto seguir con mi vida sabiendo que podía haberme sucedido a mi o siendo consciente de que pudiera sucederme en el futuro.

No obstante jamás se me hubiera ocurrido proclamar de viva voz "no tengo miedo" pues me parece ridículo e irrespetuoso para los muertos y sus familias que seguían sufriendo por semejante acción.


No me parece un slogan adecuado cuando el que debiera figurar podría ser "exigimos eficacia y seguridad en las calles" mejor investigación, mas prevención, mayores obstaculos que obstaculicen este tipo de actos, control en la venta de productos para fabricar explosivos, mejor colaboración entre las fuerzas de seguridad, menor tolerancia ante los extremistas, mas control y así una serie de medidas que no se toman ni tan siquiera parece vayan a tomarse.


Pues nada amigos, tras esta manifestación ¿nos quedaremos ya satisfechos diciendo en voz alta "no tengo miedo" o la otra frase en catalán?.

Yo desde luego no, en absoluto.


No es prudente proclamar la falta de miedo, no es oportuno, resulta casi desafiante para esta gente que asesina y disfruta haciéndolo, no van a parar tengamos miedo o no, en mi caso yo no lo proclamaría por respeto a las víctimas que sin miedo fueron asesinadas vilmente.





Miedo no, prevención y medidas si, ese es mi más intimo pensamiento.



En la prensa de ahora mísmo, que no mi opinión:






RAMÓN PÉREZ-MAURA PerezMaura - Actualizado: 
La manifestación de Barcelona ha sido, a mi entender, un momento triste de la historia de la democracia española. Nunca antes hubo una manifestación después de un atentado terrorista en la que no se denunciara a los asesinos. Esta vez no solo no había ni un cartel contra el Daesh, que da la casualidad de que ha reivindicado el atentado, sino que había multitud de carteles contra el Rey de España y contra el Gobierno de la nación. Que, además, no tiene las competencias de seguridad contra el terrorismo. El colmo. Hace falta ser verdaderamente idiota para llenar las calles con carteles contra las armas cuando los muertos de Barcelona fueron causados por un vehículo. Y por un arma blanca, pero supongo que los carteles no pretendían denunciar el supuesto tráfico de navajas de Albacete o de cuchillos jamoneros de Toledo.
La imagen del Rey y el Gobierno de la nación marchando rodeados de «esteladas» ha resultado especialmente penosa. Reconozco su buena voluntad al no querer dejar el espacio en manos de los independentistas e ir a Barcelona sabiendo que corrían este riesgo. Pero, lamentablemente, la manifestación de Barcelona sólo ha sido un éxito para los que llevan nueve días intentando capitalizar el atentado para sus intereses bastardos.




Autorretrato borroso

Resulta doloroso de asimilar y antipático de decir pero Barcelona no ha estado a la altura de su prestigio. Quizá sus habitantes más sensatos debieran reflexionar sobre el sesgo antipático que el nacionalismo ha estampado en la ciudad al apoderarse fraudulentamente de su carácter colectivo. Por supuesto que fue una minoría, aunque muy visible y ruidosa, la que malversó la manifestación y boicoteó el recuerdo de las víctimas, pero la mayoría no quiso o no logró imponerse a la manipulación soberanista. Y las autoridades que alientan y protegen ese clima de intimidación y ruptura han sido elegidas con el voto de los barceloneses. La democracia tendrá muchos defectos pero al final cada pueblo acaba teniendo el gobierno y los gobernantes que se merece.
Los ciudadanos de una urbe que presume, casi siempre con motivo, de apertura mental y sentido de la convivencia no deberían sentirse satisfechos de la fotografía que se sacaron el sábado. La buena voluntad de tantos asistentes quedó eclipsada por la expresión hostil de un delirio egoísta y ensimismado. El homenaje de respeto a los muertos en el atentado se diluyó postergado en un clima de desafío sectario. Y la solidaridad moral y emotiva de los españoles, simbolizada en la presencia del Jefe del Estado, recibió el áspero desdén de un ultraje xenófobo, de un ingrato rechazo.
Todo eso configura la imagen de un pueblo incapaz de situarse a la altura de las circunstancias, abducido por un liderazgo político incompetente obsesionado por una idea desquiciada. Uno de los aspectos más llamativos del procès es el modo en que la fantasmagoría de la secesión, trufada de posverdades, mitos o simples trolas intragables y desvergonzadas, ha calado en una sociedad instruida, moderna y de apariencia intelectualmente compacta. Ahora sabemos que, además, la sugestión independentista está destruyendo esa civilidad histórica, imbuida de sedicente tolerancia, para transformarla en una malquerencia tirante, inamistosa y, lo que quizá sea más triste, maleducada. Que el mesurado y hospitalario seny catalán se desvanece víctima de la enajenación identitaria.......
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De acuerdo con la opinión de este prestigioso periodista, por ello recojo parte de ella, es una verguenza total y absoluta, francamente no pensé que llegaran a esos límites de la decencia.
el gatufo






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