miércoles, 19 de julio de 2017

EVITAR O NO EVITAR

 

Amberes   Belgica

A veces no puedo evitar mis recuerdos y viene a mi memoria el mundo de antaño cuando era un niño y pienso en que m
e crie en un mundo austero de posguerra donde carecíamos de todo. 

España era un país pobre, hambriento, represivo, donde las libertades individuales o colectivas habían sido segadas o arrancadas de cuajo tras una larga guerra civil que enfrentó hermanos contra hermanos, vecinos, familias, amigos y acabó con mas de un millón de muertos en batalla y fuera de ella, asesinados, masacrados, enterrados anónima mente por ambos bandos en liza.


Despues de esto hubo una gran represión por parte de los vencedores, la dictadura, que se cobro decenas de miles de vidas y ya nadie se atrevía a opinar, reunirse, o crear conflictos de ningún orden.
No existía el derecho de huelga, reunión, asociación, ni por supuesto los partidos políticos.

La policía "secreta", la secreta como se decía entonces, pedía la documentación en cualquier lugar, más cuando se viajaba en tren o autobús pues el control era exhaustivo y estricto.

La escasez era extrema, hasta el punto que se emitieron cartillas de racionamiento para los productos básicos acordes con el número de miembros de una misma familia.
Se iba a la tienda cuando llegaban noticias de que un producto había llegado, aceite, patatas, azúcar, harina, sal, o cualquier otro suministro vital para subsistir.
Tampoco había carbón o leña para encender la lumbre y poder cocinar.

La carne era artículo de lujo, escaso, y el pescado no entraba a ser considerado como alimento pues la flota pesquera había desaparecido.

Dos nenas y un varón,que era el niño de la mamá, esa era mi familia de crio, y aunque no había demasiados mimos y se pasara francamente mal, el pequeño era quien recibía más cariño. 
Me sonrío y pienso en mi madre ya fallecida.
Cuanto la echo de menos, siempre la echaré de menos, hasta que me reúna con ella.

Pienso en aquellos pequeños, yo y mis dos hermanas, a los que la realidad de entonces no les influía, no se enteraban de nada, vivían la vida que viven los críos siempre propicios a jugar y a hacer travesuras que sacaban de quicio a su madre la cual no solía estar de buen humor con tanta escasez y sin dinero para alimentar a sus hijos como ella deseaba.

Recuerdo el hambre que se pasaba, con guerra, la segunda mundial, y después de ella. 
Fue mucho peor cuando acabó la guerra en Europa, España quedó aislado con un bloqueo internacional por haber apoyado tácitamente a los perdedores, las fuerzas alemanas y a su sangriento dictador Hitler.
No obstante para mis hermanas y para mi la vida parecía grata, éramos niños al fin y al cabo y no conocíamos otra cosa, en casa no había casi de nada, no había teléfono, ni lavadora, tampoco nevera, ningún otro electrodoméstico que ayudara en las faena doméstica.
Solo los ricos y enchufados podían tener algo semejante, o una "chacha" o sirvienta que les hiciera los trabajos duros como limpiar, fregar y cocinar.

Nosotros teníamos una radio de segunda mano, unos cuantos libros heredados de nuestro abuelo y nada más. Algún tebeo viejo y sobado, y pipas de calabaza para matar la "gusa".

Pasábamos mucho frio, y nos asfixiábamos en verano, igual que todos, queríamos refrescarnos teníamos el botijo y la fuente pública frente a nuestra calle.
Se dormía la siesta, a jugar por la tarde. La calle era nuestra escuela.
 
Vivíamos a las afueras de Madrid, en el barrio de Tetuan de las Victorias, y éramos unos privilegiados en relación con nuestros vecinos, mi padre trabajaba todo el día con dos empleos de oficina.

No era trabajador manual, se levantaba a las seis y media de la mañana, volvía a las diez de la noche.
Cuando llegaba a casa nosotros estábamos acostados y el estaba demasiado cansado para intentar despertarnos.
El estraperlo y acaparamiento de alimentos era la tónica común en todos los lugares, de forma que la dictadura imperante estableció unas aduanas o barreras en las afueras de las poblaciones que impedían el tráfico o libre circulación de cualquier alimento entre los distintos territorios de España.

A estos organismos se les llamaba "oficina de abastos" y se encargaban de controlar, inspeccionar, y denunciar abusos en la composición o distribución de los alimentos, controlaban pesos y medidas en las tiendas de ultramarinos y panaderias.

Se aguaba la leche, el vino, se mezclaba la mantequilla con otras grasas, el aceite era escaso y a granel mezclado con nadie sabia que, el azúcar era inexistente, el café había desaparecido, se tomaba achicoria como sustituto del café y en las familias se acostumbraba a racionar todo, el pan, la margarina, la poca carne o cualquier alimento que remediare el hambre generalizada.

Para estos tres niños, mis hermanas y yo mismo,  la vida transcurría llena de aventuras, no sabían de vida y las penalidades formaban parte de la rutina no ansiando un cambio de vida hacia mejor pues simplemente no sabían en que consistía eso.

¿Una vida mejor que la que llevaban?, que disparate, estaban casi todo el día jugando en la calle tras salir de la escuela, y se lo pasaban bien imaginando que eran héroes de los tebeos de entonces, "El Guerrero del Antifaz", "El Capitán Trueno" o "Roberto Alcazar y Pedrín" entre muchos otros.
No todos los tebeos estaban a nuestro alcance, mirábamos "Superman" con cara de bobos sin reunir las pesetas necesarias para comprarlo.

Nos gustaban los de "Hazañas Bélicas" pero eran muy caros también, solíamos mirarlos con envidia cuando los veíamos en cualquier kiosko del barrio o en las manos de algún amiguete mayor.

Los cromos nos fascinaban, los había de las películas que estrenaban entonces y para nosotros todo era como de cine, al llegar a casa era cuando volvíamos a la realidad, las malas caras, los azotes en el trasero, la escasez y los malos humos.

El cine de barrio era nuestro refugio y pugnábamos por ir al menos un día a la semana a las sesiones de infantil, donde los peques del barrio atestaban el recinto de pie, sin asiento, ¿y que nos importaba eso?. Éramos felices viendo una del oeste o quedábamos con la boca abierta viendo las casas de los americanos en una comedia de las de entonces.

Que bien se vivía en America, pensaban todos, tienen de todo e incluso dejan comida en los platos.

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Encuentro ciertas semejanzas entre el pasado y la crisis que estamos viviendo ahora.
Comedores sociales, miseria, gentes que rebuscan en la basuras, inmigración, tristeza, paro y sobre todo desesperanza. 

Pensaba que nunca volvería a verlo de nuevo.






el gatufo 

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