lunes, 27 de marzo de 2017

QUE HACER 5ª







Capitulo 9

Lo siento, lo siento, no veo nada.

Ya te acostumbrarás a la obscuridad y podrás distinguir las formas y los obstáculos.


¿Quien eres?. ¿Por que has venido a este infierno de muerte?. 


Tengo que pasar la noche fuera de mi casa, he venido a buscar a un amigo y no puedo entrar en el edificio. No se si está o no, pues lógicamente el portero automático no
funciona y nadie entra o sale por el portal.

Estás loco saliendo de tu casa, la calle es un lugar de muerte, robos, dolor y asesinatos. Te lo digo yo que llevo sobreviviendo varios días y he visto de todo. 

Mi casa se incendió cuando hicieron una gran hoguera con cientos de cuerpos putrefactos y tuve que salir a escape.
Vivía solo, estaba estudiando en Madrid cuando todo esto empezó, mi familia vive al sur de los Pirineos y no tengo medios para irme con ellos.
Estoy atrapado en esta ciudad maldita y no se me ocurre la forma de escapar. 
Por el día voy atravesando la ciudad hacia el norte, cuando se acerca la noche busco una boca de metro y me atrinchero en ella esperando otra vez la luz para seguir andando. 
Quiero escapar de aquí como sea.

Mi nombre el Luís, tengo veintitrés años, y tu como te llamas.

Soy Emiliano, ya paso de los sesenta y cinco, estoy retirado y me gustaba escribir en un blog.

¿En un blog?, que original, no conozco a nadie que lo hiciera.


Aquí tienes uno, llevo casi tres años haciéndolo.


¿Y de que trata tu blog si puede saberse?

De todo un poco, de mis pensamientos, experiencias, mi familia, mi gato "Gatufo", a veces de política o historia, y así voy de tema en tema, escribo lo primero que se me ocurre y desembucho fuera de mi cuerpo y de mi mente, las preocupaciones o sentimientos que pasan por mi cabeza.


Majo, pues si sobrevives a esta y las cosas vuelven a su normalidad vas a tener un montón de experiencias que relatar.

Ja, ja, va a ser bueno leerte una vez que pase todo este caos.

Luis, me encanta que pienses así, que digas "cuando pase todo esto", ¿de verdad crees que pasará?.


Si, lo creo, el ser humano se ha visto en peores circunstancias. ¿Has oido hablar de la peste bubónica?.


Si claro, quien no, liquidó casi a la mitad de la población en Europa y Asia.


Toma nota Emiliano, esto pasará y quedarán vivos los mas fuertes o los mas preparados. 

Dos tercios o más de la población desaparecerá, es una limpieza necesaria a toda la podredumbre en la que se habían convertido los hombres. 
La naturaleza, la tierra se defiende así, y está bien que lo haga. 
Antes o después tenía que pasar algo parecido.

Es noche cerrada, Luis duerme yo no, es imposible dormir a oscuras por completo, sumergido en unos hedores nauseabundos, con bichos que recorren mi cuerpo y que trato de apartar a manotazos.


Mis manos arden, húmedas de aplastar tantas sabandijas que prefiero no imaginar, y el olor que marea no se mitiga ni por un segundo.

Se escuchan gritos, ordenes, lamentos, carreras y finalmente algún alarido segado por un espeluznante barboteo y el golpe seco de un cuerpo que se derrumba.

Es imposible conciliar el sueño rodeado de semejante pesadilla, temiendo que en algún momento nos descubran agazapados y sumergidos entre la amalgama de cuerpos, objetos, alimañas, y otras criaturas que proliferan por doquier.
Si entran soldados nos haremos los muertos por lo que nos hemos embadurnado con todo tipo de desechos, sangre, polvo, suciedad y bichos aplastados contra nuestro cuerpo.


Tras horas de vigilia y de profundas arcadas,  mi mente vaga con recuerdos de niñez que nunca antes había rememorado. 

Imágenes de la España de los cuarenta inundan mis pensamientos y me recreo en ellas.

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Me crié en un mundo austero de posguerra donde carecíamos de todo.


España era un país pobre, hambriento, represivo, donde las libertades individuales o colectivas habían sido segadas o arrancadas de cuajo tras una larga guerra civil que enfrentó hermanos contra hermanos, vecinos, familias, amigos y acabó con mas de un millón de muertos en batalla y fuera de ella, asesinados, masacrados, enterrados anónima mente por ambos bandos en liza.


Una gran represión por parte de los vencedores, y la dictadura que se cobro decenas de miles de vidas.

No existía el derecho de huelga, reunión, asociación, ni por supuesto los partidos políticos.

La polícia "secreta", la secreta como se decía entonces, pedía la documentación en cualquier lugar, más aún cuando se viajaba en tren o autobús pues el control era exhaustivo y estricto.


La escasez era extrema, hasta el punto que se emitieron cartillas de racionamiento para los productos básicos acordes con el número de miembros de una misma familia.


Se iba a la tienda cuando llegaban noticias de que un producto  había llegado, aceite, patatas, azúcar, harina, sal, o cualquier otro suministro vital para subsistir.


La carne era artículo de lujo, escaso, y el pescado no entraba a ser considerado como alimento pues la flota pesquera había desaparecido.

Dos nenas y un varón que era el niño de la mamá, esa era mi familia de niño, y aunque no había demasiados mimos, y se pasara francamente mal, el pequeño era quien recibía más cariño.ambio mi postura, me duele todo y pienso en aquellos pequeños, yo mismo y mis dos hermanas, en la realidad de entonces que no influía en esos pequeños, no se enteraban de nada, vivían la vida que viven los críos siempre propicios a jugar y a hacer travesuras.


++++


Salgo de mi duermevela sobresaltado por una luz que hace retroceder las tinieblas que nos rodean. 

Alguien arrastra sus pies portando una linterna
y rebusca algo entre los muertos amontonados a la entrada del túnel, son varios y están moviendo los cuerpos, los arrastran, los registran, se escuchan palabrotas y gritos de júbilo cuando encuentran algo. 
Están rebuscando entre el montón de cadáveres y se entretienen en actos horrendos que trato de adivinar. 

Les arrancan los anillos de oro, cortan dedos o brazos, arrancan las cadenas del cuello, rebuscan entre las pertenencias esparcidas por el suelo y escuchamos maldiciones, gritos, juramentos, que duran casi media hora.

Oro, oro, es el metal preciado que van buscando cadáver tras cadáver, y no hay ningún escrúpulo para saquear a los muertos.

Luis está despierto, escucho su respiración, y aterrado como estoy no muevo un músculo de mi cuerpo, sigo petrificado y el espantoso dolor que siento no me hace tratar de acomodarme mejor, el terror me paraliza.


Es interminable, cuando acabará esta tortura me pregunto.

Se escuchan órdenes, y finalmente el resplandor se aleja con voces ahogadas que hablan del botín conseguido.

Luis está en guardia, le noto tenso pegado a mi, preparado para cualquier emergencia. 

No hablamos, solo un susurro para comentar, se han ido, e inmediatamente escucho el sonido acompasado de su respiración. 
Es increíble su facilidad para conciliar el sueño. En un segundo pasa de la vigilia al sueño, maravillosa juventud la suya que se adapta a todo.

Sin darme cuenta vuelvo a recordar mis años de niño en una España postrada por las consecuencias de la guerra civil.


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Se pasaba hambre de cualquier forma, con guerra, la segunda mundial, y después de ella. 

Mucho peor cuando acabó la guerra en Europa, según me contaron después, pues España quedó aislada con un bloqueo internacional por haber apoyado tácitamente a los perdedores, las fuerzas alemanas y a su sangriento dictador.

No obstante para mis hermanas y yo mismo,  la vida parecía grata, eramos niños al fin y al cabo y no conocíamos otra cosa, en casa no había casi de nada, no había teléfono, ni lavadora, tampoco nevera, ningún otro electrodoméstico que ayudara en las faenas domésticas. 

Una radio de segunda mano, unos cuantos libros heredados de nuestro abuelo y nada más. 

Algún tebeo viejo y sobado, y pipas de calabaza para matar el hambre permanente.

Pasábamos mucho frío, y nos asfixiábamos en verano, igual que todos, si queríamos refrescarnos teníamos el botijo y la fuente pública frente a nuestra calle.

Se dormía la siesta en verano y a jugar por la tarde. 

La calle era nuestra escuela.


Vivíamos a las afueras de Madrid, en el barrio de Tetuan de las Victorias, y eramos unos privilegiados en relación con nuestros vecinos, mi padre trabajaba todo el día con dos empleos de oficina.


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Voy cayendo en un reconfortante sueño y los recuerdos de mi niñez se quedan atrás.

De alguna disparatada forma la escasez y miseria de ahora me trae a la memoria otra época de escaseces vivida hace muchos años.


Capitulo 11

Respirar es un tormento constante, los pulmones estallan, la tos no cesa tratando de expulsar cuerpos extraños introducidos con cada bocanada de aire pestilente. 
La falta de oxigeno es angustiosa, el corazón se acelera al máximo y temo que en cualquier momento sufrir un infarto. 
Mi compañero es mucho mas fuerte y acusa menos la extenuación que siento en mis músculos, no siento los pies, mis piernas rígidas como palos dudo que me sigan manteniendo por mucho tiempo.
Hemos salido del túnel hace unas horas y parece que lleváramos el día entero caminando. 

El caos es si cabe mayor que ayer. 

Ni se preocupan ya de apilar los cadáveres que proliferan por doquier. 

Niños, mujeres y ancianos están diseminados por cualquier lugar, iban pertrechados con unas pocas pertenencias como si quisieran huir de sus casas.


Habrán salido de madrugada y no han podido andar más de un kilómetro o dos, derrumbándose exhaustos, tosiendo, vomitando, sangrando por narices y boca hasta que un ataque fulminante de corazón o un derrame cerebral acaba con sus vidas y su sufrimiento.


Acabaré igual que ellos, pienso, no puedo continuar más. 

El aire es irrespirable y venenoso en grado sumo. Cuando joven fui un experto nadador que aguantaba horas en el agua haciendo largos de piscina o de playa una y otra vez. 
Nunca he fumado, tampoco he padecido severos catarros, y quizás este sea el motivo de no haber sucumbido ya.

No percibo nada, solo dolor, estoy sumido en un angustioso sopor que me lleva a desear la muerte de continuo.
Pero no llega, es más me obligan a arrastrarme casi cuando mis pies se niegan a dar el menor paso.
Lo están dando y no se como, no los siento, tampoco las piernas, solo siento mis pulmones arder a cada bocanada de aire que logro impulsar dentro de ellos. El corazón golpea mi pecho como si fuera a salirse, debo estar cumpliendo años en cuestión de horas. 
Si llego a casa mi pelo habrá encanecido de repente como si en lugar de haber pasado dos días hubuieran estado fuera diez años.

Que viejo soy pienso, esto se acaba majo, pero sigue andando. Sigue andando oigo la voz de mi acompañante que casi me lleva en volandas o me levanta por encima de los obstaculos que resulta casi imposible rodear.
Veo caer al suelo a gente que ya no se levanta más. Los que caminan detrás de ellos pisotean las manos o piernas de los caidos, sin ningún respeto pues son imcapaces de rodear los cuerpos que hay sobre el suelo.

Algunos de estos, los que pisotean, caen cincuenta metros mas adelante siendo a su vez pisotedos por los que continuan.
Hemos tocado suelo pienso, esto ya no puede ir a peor, y como siempre que se piensa algo parecido estoy muy equivocado.
En poco mas de una hora será noche cerrada, para entonces tenemos que haber encontrado un sitio donde escondernos y pasar desapercibidos para las patrullas descontroladas que pululan tras el toque de queda.
Soldado o no son depredadores que asesinan a todo aquel que pillan, le roban y le dejan tirado en mitad de la calle desángrandose.
Lo que hay dentro de las casas nadie lo sabe. Es seguro que cientos de miles de personas habrán muerto asfixiadas, de inanición o cualquier otra dolencia.
Infinidad habrá puesto fin a sus vidas ante la total falta de esperanza y la ausencia de notilcias.

Son pensamientos que pasan por mi cabeza fruto de la desesperación y el extremo cansancio.
Luis va cargando conmigo, me lleva casi en volandas ante la ausencia total de fuerzas que me permitan sujetarme por mi mísmo.
Me ha  encargado que vigile las ventanas o balcones de todas las casas que vamos pasando. Al menor signo propicio para ocupar una de ellas tengo que avisarle para examinar nuestras posibilidades de entrar dentro de la vivienda.

Este barrio de clase media trabajadora no es tan precavido a la hora de blindar los accesos. Recias puertas, barrotes en los pisos bajos, alarmas que ya no funcionan y poco más.
Derribar una puerta no sería dificil si tenemos la seguridad de que no hay ningún ocupante dentro. Si lo hubiera podría defenderse de nosotros, con razón, pensando que eramos foragidos. No deseamos empeorar más la situación de lo que ya está. 

El tiempo pasa inexorable y nuestra búsqueda de refugio es esteril. No hay ya casi vivos circulando delante o detrás de nosotros. Nadie sale de las viviendas y los que salieron estarán ya casi todos muertos por asfixia o asesinados por otros para robarles sus pertenencias.

La presencia y fortaleza de Luís ha evitado que nadie haya tratado de agredirnos, nos han mirado con resentimiento u odio cuando el me ha auxiliado con la máscara pero nadie se ha atrevido a más. 
Ni tan siquiera a los malvados les quedan fuerzas para atacar, a traición o a los más débiles si, no a los fuertes y decididos como mi amigo. Menos todavía cuando ven el uniforme que lleva, miran confundidos sin entender como un soldado puede caminar entre ellos ayudando a un anciano.
Espera, le digo, creo ver algo en aquel balcón allá lejos.

Se para y me posa con suavidad sobre un baco en la calle, mirá allí, le señalo.
Hay poca luz ya pero con los últimos mortecinos rayos de Sol podemos ver a dos crios que nos hace señas, no escuchamos sus voces pues hay mucha distancia, pero es indudable que está haciéndonos gestos con sus brazos y manos.

Que ocurrirá, me comenta, es súmamente extraño ver a dos crios haciendo esos gestos para que nos aproxímemos a ellos.

Quédate aquí un momento, voy a acercarme un poco más a ellos, a ver si escucho lo que dicen.








el gatufo

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