miércoles, 10 de febrero de 2016

RECUERDOS QUE CONTINUAN (3 parte)


 


Cuales son los origenes de este chico protagonista de nuestra pequeña historia, pues muy corrientes para un crio de aquella época convulsa del siglo XX.
Europa estaba en guerra,e incluso el mundo entero participaba en esa guerra y a estos tres crios que vivian en Madrid, barrio de Tetuan de las Victorias, se les ocurrio nacer cuando todo estaba patas arribas y el mundo de sus mayores había sido un caos infernal.

Fuera de España otro infierno se había desatado y millones de almas perdian sus vidas en los campos de batalla, en los bombardeos de  ciudades, en las aldeas, en los campos de exterminio, mientras que nuevos seres nacian y ocupaban las vacantes dejadas por millones de muertos.

Ironica o macabra ley de vida y de muerte, unos se van y otros ocupan los sitios que han ido dejando los desaparecidos.
El ser humano destruye y procrea simultaneamente, es lo que le preserva de la extinción segura en tiempos de tribulación, guerra y exterminio.

Decenas de millones de muertos dejarían grandes huecos en las ciudades y campos de una Europa destruida sistematicamente por una hecatombe mayor incluso que la anterior ocurrida unos pocos años antes.

Un mundo convulso y apocaliptico sumido en la segunda guerra mundial, fué el que les vino a recibir sin que ellos fueran conscientes de lo que se les venía encima.

La mayor, Paquita, nació en 1940 cuando el ejercito aleman invadía naciones y ciudades en una operación relampago que pareciera cambiaria las fronteras y el destino de naciones enteras en la Europa de esos años.

La niña vino al mundo recien comenzado un crudo invierno que diezmaba cuerpos famelicos de millones de españoles hambrientos y ateridos de frio, año y medio despues de acabada la guerra civil en España. Burgos fué y es una tierra gloriosa y austera, forjadora de Castilla, cuna del Cid Campeador y otros heroes a lo largo de su historia.
Tambien es una tierra fria donde las haya, con inviernos que pueden helarte la sangre, y este de 1940 en el que nació la pequeña fué particularmente frio con grandes y abundantes nevadas.

Salas de los Infantes donde nació la pequeña era la ciudad donde sus padres habían establecido su casa que hacia las veces de casino, salón de baile y cafeteria. 
Los padres contrajeron matrimonio una vez acabada la contienda civil el 12 de Octubre de 1939.

Superviviente de la guerra y tras años de estar en el frente luchando, Emiliano, decidió que era llegada la ocasión de desposar a su novia de años.

Podía haber perdido su vida en primera linea innumerables veces, no fué así y tras cinco años o mas de relación a distancia decidió que ya era hora de formar una familia y concretar su relacion en una boda que se celebró en la mencionada ciudad, donde nacería la primera de sus hijas.

Estaban locos o que? 
Traer al mundo una criatura en circunstancias tan adversas?
Sin presente, con un futuro incierto, una guerra que asolaba Europa y una España desangrada y miserable donde la gente huía de las grandes ciudades escapando del hambre.

Conscientes o no de su responsabilidad, esta pareja establecida en Salas sintió lo que todos los padres primerizos experimentan, alegría, cariño y gozo contenido al ver una criatura godita y preciosa que habia costado a su madre grandes esfuerzos para poder parirla.

El doctor tuvo que llegar montando una mula y atravesando campos con mas de medio metro de nieve. Costó pero nació, y berreaba como una loca dejando a todos sin dormir en la gran casa que llamaban "El Casino".

Nadie elige el momento de nacer y esta criatura desde luego no eligio el suyo. 

Le esperaban tiempo dificiles, hambre y necesidades extremas en una España de postguerra, cercada por los combatientes en Europa, y con grandes purgas efectuadas por el Regimen de los vencedores en la pasada contienda Civil.

El primerizo padre, abrumado por las circunstacians y con su mujer debilitada por un parto dificil, tuvo la feliz idea de llamar a su familia, madre, padre y hermanas, que vivian en un pueblo cercano.
Pensó, iluso, que su madre y hermanas podrían ayudar a la parturienta cosa que muy pronto vió había sido una muy desgraciada idea.

Tras unos meses de convivencia en la gran casa, al final tuve que pedirles se fueran por donde habían venido pues ya no eran necesarias y las tensiones de su reciente esposa con su familia,  eran sonadas y cotidianas.

Aquí dejamos a esta pareja de 26 años cumplidos, una pequeña, dos gatos, una criada traida de otro pueblo burgalés, un Casino que regentar y toda una vida por delante para traer mas hijos al mundo y vivir años despues en Madrid, la gran ciudad capital de una España a la que restaban decenas de años de penalidades y penurias que durarian hasta finales  de los cincuenta.
El presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower visitó España en diciciembre 1959 buscando alianzas y situar sus bases de armamento, aviones y misiles, en mitad de la "Guerra Fria" contra la Unión Sovietica.

Franco, deseoso de ser admitido en los foros internacionales, abrió de par en par las puertas de la nación a los nuevos salvadores de Europa, los norteamericanos que deseaban establecer sus bases de combate en diferentes puntos del viejo continente y en particular cerca de diversas ciudades españolas consideradas estratégicas para sus fines.

Contener el comunismo imperante en las naciones del Este sometidas a la tutela de la Rusia Sovietica era una prioridad, y a España se le abrieron nuevamente algunos foros internacionales vedados para su Regimen dictatorial y represivo vencedor de la contienda civil.
Pan, leche en polvo, queso americano y COCA COLA a cambio de bases militares en Torrejon (Madrid), Zaragoza, Rota y algunos puntos estrategicos mas.

"Bienvenido Mr. Marshall", fué la tónica a finales  de los cincuenta principios de los sesenta, llegan los americanos con las manos llenas de regalos, chocolatinas, margarina y sobre todo COCA COLA Y PEPSI COLA,  abramos nuestras puertas a la nueva civilización allende los mares.

En diciembre de 1941 el ataque japones a Pearl Harbor, por sorpresa, hace que los Estados Unidos participen en la confrontación y la II Guerra Europea se hace mundial.
Salvo en America se combate en todos los continentes del mundo para el año 1942.

La segunda hija de Emiliano y Paquita, Esther, nace en abril de ese mísmo año. España goza de una aparente calma chicha, cuando por el contrario cualquier ciudad Peninsular puede y es un nido de espias.

Los partisanos que resisten en las sierras y pueblos de la geografia Española confian en que los aliados invadan el territorio Nacional y derroquen la Dictadura Franquista. 
La caza del hombre está desatada, los juicios son sumarísimos y las carceles están llenas ante el temor de que la guerra pueda extenderse por las tierras y pueblos de España.

No es así afortunadamente, apesar de que Hitler y Musolini se han entrevistado con el Dictador y han solicitado la entrada de España en la guerra, 23 octubre 1940 en Hendaya Franco y Hitler, y el 12 de febrero de 1941 Franco con Mussolini en Bordighera, Italia, sin resultado, pues el Dictador se niega a participar alegando la incapacidad logística y economica de una España depauperada por su anterior contienda.

El pais estuvo en un tris de ser invadido por los las tropas del III Reich que deseaban atacar Gibraltar desde dentro de la propia Península y controlar por tanto el Estrecho de Gibraltar.

Transcurre el año 1942 y el matrimonio de Emiliano y Paquita junto a sus dos pequeñas, se traslada a Madrid para empezar una nueva etapa en su vida. 

Es dificil imaginar la vida de esta pareja en la capital, recien llegados de un pueblo, sin conocer las calle ni la vida en esta ciudad semidestruida por la Guerra Civial, donde escasea todo, no hay carbón, ni leña o astillas para prender las cocinas, no hay carne, ni azucar, ni leche, escasea hasta el pan, se forman largas colas de mujeres en cuanto hay noticias de que en tal o cual establecimiento están vendiendo judias, lentejas, jabon o cualquier otro producto necesario para subsistir.

No entra absolutamente nada por las fronteras, el comercio es inexistente y la economia es de guerra, no obstante la vida sigue y la gente no presta demasiado atención a lo que ocurre mas alla de los Pirineos, su preocupación constante es comer y vivir un día más.

En el Rastro Madrileño la actividad es incesante, se compra y vende de todo lo usado que imaginarse pueda, con tal de comer la gente vende lo que de valor haya en las casas y siempre hay alguien que tiene lo suficiente para comprarlo.
La acumulación de alimentos y el estraperlo está a la orden del día, se hacen grandes fortunas comerciando y especulando con lo más necesario. Pequeñas protestas por la escasez de pan o el precio desmesurado del mísmo son reprimidas con extrema dureza por el Regimen.

No hay trigo y el pan se fabrica nadie sabe con que. Se usa la harina de almorta con unas consecuencias que están y estaban perfectamente documentadas:

La harina de almorta ha combatido el hambre en las guerras pero también ha provocado innumerables casos de parálisis. La almorta, legumbre que proporciona una harina con la que se elaboran las gachas manchegas y otros platos camperos en regiones como Andalucía o Castilla y León, dejará de estar prohibida en los próximos meses. 

Francisco de Goya dedicó a la almorta uno de los grabados de sus 'Desastres de la Guerra', porque esta legumbre libró del hambre a muchos madrileños en 1811. 
Un siglo más tarde, la almorta volvió a ser la salvación durante la Guerra Civil y la posguerra por ser el único alimento que miles de personas se echaron a la boca día tras día.

Lo que todos desconocían es que la harina de almorta consumida de forma permanente acaba provocando 'latirismo', una enfermedad que se manifiesta en inmovilidad de las articulaciones, deformaciones de la columna vertebral y parálisis. De hecho, la denominación de esta dolencia procede del nombre científico de esta planta -lathyrus sativus- que contiene sustancias neurotóxicas, -sobre todo alcaloides- que dañan el sistema nervioso.

Las autoridades españolas lo descubrieron en 1941 y decidieron prohibir su comercialización para consumo humano en 1944.
*****
Las "gachas" es el alimento que combate el hambre de postguerra aún sabiendo que el consumo continuado produce parálisis y latirismo, pero mejor morir a largo plazo que de hambre cotidiana.

Gachas con harina de almortas, boniatos y castañas, fueron alimentos cotidianos de los españoles a principios de los cuarenta.


Nada mejor para jugar los crios del barrio de Tetuan que la calle en los años cuarenta, cada una tenía su panda y por supuesto los chicos de una calle no jugaban ni formaban alianzas con los de otra diferente.
Las peleas eran infrecuentes, mucha tutela y vigilancia por parte de las autoridades del Regimen Franquista para que ni tan siquiera los chicos se pelearan entre ellos, lo más una "drea" con pequeños guijarros que podía escalbrarte si te pegaban de lleno, nunca era una herida seria, una pequeña brecha, un poco de sangre y a esperar que se curara.

Se hacía acopio de pequeñas piedras que estaban previamente acordadas, se metían en los bolsillos y con cañas flexibles se lanzaban como si fueran catapultas a los chicos y chicas del bando opuesto. 
Se fijaba un tiempo de juego y a no ser que algun rival se rindiera no había vencedores o vencidos.

La "drea", o tirachinas,  siempre se jugaba en los descampados que tuvieran arboles o bloques de piedra donde esconderse, y era frecuente encontrarlos pues cerca de la zona había un sitio donde pulían los bloques para ornamento de casas o sepulturas.
El invierno o el otoño aprovechando el frio y la ausencia de gente por los descampados era una buena época para echar unas "dreas! o unas "pedreas", aunque estas últimas solían ser mas peligrosas pues los guijarros eran mayores. 
No todos los chicos o chicas participaban en ellas pues alguno tenían auténtico miedo de resultar escalabrados y que luego en sus casas recibieran una buena tunda de su madre.

De los tres hemanos, la mediana y el pequeño eran los que participaban en las "dreas" que no en las "pedreas" pues tenían cierto temor a las consecuencias si resultaban descalabrados. 

"Alza la Maya" era otro de los juegos muy propicios para el invierno en las tardes de frio, igual que "El Rescate"  el "Escondite" o "Policias y Ladrones". En cada lugar de España se les llamaba de forma diferente pero en esencia eran muy similares.

Las reglas del "Rescate" o el "Escondite" eran:

El Rescate
El que la ligaba se echaba a suertes y tenía que contar hasta cien para que así a los demás les diera tiempo a esconderse. Según iba encontrando a sus compañeros escondidos tenía que decir cogido/a y llevarlos a un lugar. El que la ligaba, según iba buscando a los demás escondidos lo tendría que hacer con cuidado, ya que alguien podría salir de su escondite y correr al lugar donde estaban sus compañeros y gritar: ¡salvado! De esta manera, salvaba a sus compañeros que tendrían que volver a esconderse.


Y para "Alza la Maya"
 
un juego de muchachos en la provincia de Álava: consiste en esconderse todos, menos uno que queda al cuidado de un objeto, generalmente una piedra, al cual se da el nombre de maya. El lance está en llegar a la maya antes que el encargado de cuidarla, cuando éste se separa de ella para descubrir a los escondidos”.

Cuando la maya o el objeto se tocaba sin ser visto y nombrado por el que buscaba a los escondidos el chico o la chica estaban salvados y entre los que restaban si uno era descubierto le tocaria custodiar la maya.
Cuando se divisaba a un escondido eñ vigilante buscador tenía que llegar a la piedra u objeto antes que el descibierto, tocar la maya u objeto y gritar:  Alza la Maya por Pepe, o Carmen, y ese sería el que cuidaria la maya y buscaría a los escondidos en el siguiente turno.

Nada mejor ni mas divertido para estos crios que tener una pandilla en la mísma calle y salir a jugar todos mezclados, chicos y chicas, a los muy diferentes juegos que a falta de otros entretenimientos se practicaban en plena calle. 







Chicos y chicas, dos mundos que se separan según van cumpliendo años.
En los comienzos de estar en Tetuan todos jugaban juntos a lo que fuera, los empujones, carreras, saltos a la comba e incluso jugar ambos sexos a lo que pareciera pertenecia a uno solo solía ser habitual.
Algunas de las niñas pudieran ser incluso mas aguerridas que los chicos de su edad, y en las peleas ganaban ellas.

Pero los años iban pasado y para  el crio que vivía en los cincuenta y despertaba a su sexualidad todo comenzaba a ser diferente, con los Jesuitas en el colegio todo era pecado, pecado mortal si te tocabas, si pensabas en chicas, si comentabas los cambios que en el cuerpo y pensamiento se iban produciendo, y siempre era necesario ir confesar si el deseaba recibir la Santa Eucaristía. 
A vecce había que contar detalladamente cuantas veces se habían hecho tocamientos "impuros", en que pensaba o que deseos le incitaban a semejantes actos, y todo esto a Emiliano le resultaba muy vergonzoso y humillante.

Poco a poco su incipiente religiosidad comenzaba a ir a menos y su fe en Dios no encajaba con ciertos preceptos represores que le complicaban excesivamente su vida a medida que su cuerpo cambiaba y nuevos instintos básicos ocupaban su mente.
No acaba de entender la maldad de ciertos actos ni tampoco como podían estar castigados con las penas del infierno. El fuego eterno pregonaban en las lecturas que se hacían en la misa, con lo cual en cierta forma el y otros vivían oprimidos por la culpa de claudicar a las necesidades de su pujante adolescencia.
Culpa por ceder a la tentación de pensar y disfrutar con lo prohibido, no confesar que se había hecho, y temor ante la posibilidad de morir en pecado mortal. Vergüenza y pecados eran compañeros cotidianos durante días hasta que en algún arranque de valor, algún sábado por la mañana, se atrevía a confesar con algún fraile desconocido del convento al que acudían cada semana.

En fila de a uno andaban el trayecto que separaba el edificio de las clases del convento jesuita de Chamartín.  Allí procedían a escuchar misa en la gran capilla, confesar masivamente en una docena o mas de confesonarios y acudir en largas filas posteriormente a la comunión.
Con el padre rector no deseaba confesar, no quería que el temible fraile conociera sus intimidades, con lo que un día y otro permanecía solo en el banco de la iglesia o rodeado de otros muchachos que como el no acudían a recibir el Santo Sacramento. El Rector les taladraba con la mirada de sus ojos azul celeste que parecían decirles lo descontento que estaba con ellos. Pecadores impenitentes, arrepentíos de vuestros actos y pensamientos impuros, era la frase que les enviaba con sus miradas, pero ni por esas Emiliano se movilizaba a confesarse con el.
Así fueron pasando los primeros meses y se decidió que el muchacho empezara el bachillerato a pesar de no tener edad suficiente para ello. Con nueve años recién cumplidos comenzó a preparar lo que llamaban "ingreso" que solía prepararse a los diez o mas y muy pronto se verían los malos resultados de adelantar sus estudios y ir al ritmo de sus otros compañeros mayores que el.
El niño es listo y va adelantado, no hay problema que empiece el bachillerato a una edad temprana, le comentó el rector a los padres del crio, y así lo hicieron.

Quedaron de acuerdo en que el régimen a seguir por el muchacho sería de medio interno, es decir entrada a las ocho y media, almuerzo en el comedor del colegio y salida por la tarde a las cinco si es que no estaba castigado el o la clase entera con lo que la salida podía demorarse una o dos horas.
La disciplina dentro de las clases, en la capilla o en el patio formados era estricta. No se toleraban conversaciones, risas, ni tan siquiera malas posturas. Firmes, descanso, silencio, rezo, más rezo, atención en la clase y al menor desliz bofetada o reglazo en la mano, cuando no era de rodillas frente a la pizarra o incluso "toda la clase de rodillas" y no había posible reclamación o protesta. La expulsión inmediata estaba siempre latente y nadie se atrevía a provocar una represalia semejante.
Se consideraba a la institución un buen colegio, donde los chicos eran educados en la obediencia estricta, las buenas costumbres de entonces, la religión, y la aceptación sumisa a la autoridad siempre presente.
Capas y mas capas añadidas que escondían en el fondo, insumisión, rebeldía, hartura, irreligiosidad, y miedo a todo lo que fuera el castigo físico o a la muerte súbita en pecado.


Adolescencia y sexualidad, dos factores que multiplican por diez la sensibilidad de los críos que se acercan a la pubertad y Emiliano no es la excepción. Con nueve años todo lo relativo al sexo comienza a interesarle y aún no ha empezado a madurar. Nunca el concepto de pecado había sido significativo para el, ahora todo comienza a cambiar y cada vez se siente mas indefenso ante las fuerzas de lo que entonces se consideraba "el mal" es decir el "sexo solitario" perseguido y penado con las llamas del infierno.
Las horribles y tremebundas historias que se leían en misa o a la hora de comer todas trataban de lo mismo, pecado y condenación, y el terror de morir en pecado por cometer actos llamados "impuros" iba haciendo presa en el animo y espíritu de los pequeños pre-adolescentes.
En voz baja comentaban sus descubrimientos sexuales, que si hombres y mujeres hacían "eso", el acto, y no solo una vez para encargar los niños. Lo hacían en muchas ocasiones y era muy placentero. ¿Cómo lo hacían? Pues ya sabes, hay que introducir la "cosa" dentro de las mujeres y luego, bueno... luego nadie lo sabía pues la experiencia era nula.
Que asco, comentaban algunos, "la cosa dentro de su cosa", ¿y eso puede gustar?. Es seguro que gusta, comentaban los mas mayores, pues cuando los novios se casan y van de "luna de miel" están muy contentos y por eso se llama "de miel" por que tiene que ser muy dulce practicar eso, el sexo.
Chismes y comentarios de esta índole corrían de boca en boca de los críos, sazonados con auto tocamientos de investigación prematura. ¿La cosa dentro? y ¿como?, si es tan blandita y pequeña pensaban los pequeños. Blandita y pequeña la tenéis ahora que sois un críos pequeñajos, les decían los expertos o tempraneros, ya veréis lo que pasa dentro de poco una vez que os manipuléis lo suficiente. ¿Y eso como se hace?, preguntaban una y otra vez los de nueve o diez años a el menor descuido. Pues eso, silencio, hay que manipular, tocar, mover la mano, y zas ocurre.
Con estas explicaciones el crio no se enteraba de nada y a el, de momento, estos temas le daban extrema vergüenza. No le gustaba hablar de eso pues con dos hermanas en casa le daba pudor pensar en esas cuestiones de chicos y chicas.

En la calle jugaban todos juntos, chicos y chicas revueltos, aunque si había juegos exclusivos de muchachos y otros de chicas. Por lo demás todos eran considerados compañeros de juego y a veces las peleas o puñetazos se repartían sin distinción de sexo alguno.
En el colegio todo era diferente, al ser solo chicos las conversaciones maliciosas proliferaban por los corrillos. Cuando se divisiva algún profe cerca, o el rector, se cambiaba de inmediato el tono o la conversación y salía a relucir los partidos de futbol, el Real Madrid, o cualquier otra cosa que sucediera en ese momento.
En voz baja también hablaban de los que habían expulsado por faltas a clase o por alguna otra pequeña-gran falta castigada con la expulsión inmediata. Hablar en misa o el rosario iba acumulando pequeñas faltas que una vez sumadas constituían faltas severas. A las cinco también se castigaba con la expulsión y no había recurso posible.
Se acercaban las Navidades del año 1952 que no cambiarían nada en la vida del pequeño muchacho que acababa de cumplir los nueve años. Inmaduro, inocente, indefenso casi, pronto iría desarrollando un espíritu de superviviente que le acompañaría durante toda su vida.

El insulto o los motes eran lo habitual en el mundo infantil del colegio, pues a casi nadie se le conocia por su auténtico nombre.

El gafotas, el gordo, el enano, el pelota, el sucio, el malnacido, el hijo de cuarenta padres, e infinidad de apelativos mas era lo corriente. A el a veces le llamaba perrito o perrita y no sabía el motivo. 
Quizás fuera por su edad, por ser pequeño y ¿de aparente inocencia?.
Emiliano no lo sabe tampoco le gusta el mote, pero nada puede hacer parar quitarlo de la mente de alguno de sus compañeros que disfrutan haciendo pullas de cualquiera que no fuera ellos mismos.

Sin darese cuenta, por instinto empieza a congeniar con uno de sus colegas año y medio mayor que el. A su lado se siente bien, protegido quizás y comienza a pecibir que este es uno de los líderes por tener una mente mas brillante que el resto.
Angel vive en su misma calle, en el número 12, y ha llegado muy recientemente a la mísma.
Es por ello quizás la naciente amistad que comienza a unir a ambos muchachos.
Para Angel, recien llegado al barrio todo es nuevo, no conoce a nadie y le cuesta encajar en su nueva vida. Emiliano lleva allí cinco años y aún siendo mas joven conoce todo lo que le rodea. Le servirá de introductor en el mundillo del barrio. 
Por contra Angel servirá a Emiliano como protector dentro del ambiente del colegio. Yendo con el, siendo su amigo, será mas respetado y el mote comienza a desaparecer lentamente.
Entre ambos muchachos comienza a crearse un muy creciente amistad que durará hasta que ambos cumplan los veinte años, fuera ya de cualquier ambiente estudiantil que pudiera unirles.

Angel tiene tres hermanas, Emiliano tiene dos y sin hermanos con los que confiar aventuras y secretos ellos van a ser el uno para el otro dos hermanos en la práctica cotidiana y común del cada dia.

Serán una roca donde se estrellen los embates de la agresividad entre el resto de los muchachos. 
Uno para ambos y ambos para uno sin discusión ni fisuras.



gatufo

 





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