martes, 28 de octubre de 2014

UNA MUJER Y SU HIJO





Con esfuerzo y lentamente voy girando mi cuerpo para enfrentar la voz que requiere mi ayuda.
El tufo a podredumbre y muerte impacta mi nariz produciéndome profundas
arcadas que inutilmente sacuden mi cuerpo. No hay comida ni bebida que pueda arrojar y los espasmos que siento me producen un agudo dolor en el diafragma.
De inmediato un tremendo dolor de cabeza despierta de su letargo y comienza a golpear mis sienes como si la sangre fuera a brotar de ellas.
Cuanto tiempo, pienso, te estaba echando de menos querida jaqueca que toda la vida me has acompañado.
Trato de contenerme y encaro la cara del ser que emite quejidos solicitando mi ayuda. 
Una especie de garra me aferra el brazo haciéndome casi daño, compruebo que es la mano de una mujer joven absolutamente esquelética y sucia hasta límites inimaginables. Su hedor es espantoso, tira para atras, y a duras penas logra mantenerse en pie sujetándose de mi brazo.
A su lado hay un crio pequeño, unos cuatro o cinco años, que al igual que ella hiede. En un paroxismo de casi locura imagino que no son seres vivos, son zombis, han resucitado tras estar varios días muertos y ahora reclaman mi sangre.
Ayudame, repite "la zombi" con ya apenas un hilo de voz y separando la mano de mi brazo señala al pequeño.
Es mi hijo, dice, y quiero que te lo lleves, que te hagas cargo de el pues yo me muero. 
No deseo que mi hijo se quede junto al cadaver de su madre y vea como se pudre, esperando el mísmo morir sin nada que comoer o beber. 

Me niego a aceptar lo que estoy viendo o escuchando. Es demasiado horrible para poder asimilarlo y mi mente se cierra ante la última tragedia del ser humano.
Yo sigo callado, incapaz de articular palabra, ella sigue hablando y explica que han sobrevivido escóndiendose entre los cadaveres amontonados por las calles. Hace dos o tres días que se les acabó el alimento, y ella ha estado dándo a su hijo los últimos pedazos comestibles que le quedaban.
Me muero, sigue, y tu eres el único ser que puede llevarse a mi hijo lejos de mi. Llévatelo y trata de que sobreviva a este horror, por favor, eres mi última esperanza. Yo ya estoy muerta y deseo descansar sobre el banco en el que te sientas.

A buena parte has ido mujer, pienso, yo también estoy en las últimas. ¿Es que no lo ves?, me repito en voz baja para mi solo.
Callo, no digo nada,¿para que?, ella está sumida en la fiebre y en muy poco tiempo se derrumbará igual que los miles que en este momento lo estarán haciendo. 
Es el fín, pienso, no hay esperanza para el ser humano ni para su mundo. Es probable que no lo merecierámos despues de todo. Logro incorporarme, agarro al crio de la mano y dejo que su espantosa madre tome mi lugar sobre el banco de madera. 
Ella se tumba de inmediato, cierra los ojos y respira ansiosamente buscando una particula de oxígeno. 
Igual que yo, no puedo más, en una hora o dos estaré caput igual que esta pobre joven que quizás antes fuera atractiva y ahora resulta un auténtico espectro de muerte.

Con alivio escucho los pasos de mi amigo que se acerca a nosotros. Está intrigado con la escena y es seguro que habrá acelerado su paso por ver lo que estaba sucediendo.

Que ocurre, quien es este niño y esa mujer tirada ahí en el banco que ocupabas tu, díme,¿la conoces?. Os he visto hablando hace un momento.

Hablaba ella, yo sigo espantado con su visión, sin palabras para decirle nada.
Se ha echado ahí para descansar y morir. Me, nos ha confiado a su hijo y me ha pedido que nos alejemos de este lugar. No quiere que su hijo vea como muere y dejarle solo para que siga su misma suerte.

Ya somos cuatro, dice Luis, estupendo si siguen agregándose más pequeños o sus padres podemos formar una familia numerosa.

¿Cuatro?.

Claro, ¿no pensarás que voy a dejar ahí tirada a esa mujer?.

Te diria que recogieras al pequeño y a mi me dejaras junto a ella, a descasar y morir, no puedo más. 
Se que tu no puedes llegar a mi casa y por eso sigo, si no me quedaría al lado de ella y nos hariamos compañia esperando el final.

Callate ya, anciano, tu no vas a morir. Cuida del pequeño, ¿podrás darle tu mano y caminar los dos unos ochenta metros?. Tenemos que ir hasta la casa donde viste a los niños, me han pedido que suba, nos abrirán la puerta.

No entiendo nada de lo que dice y no tengo ya fuerzas motivación para entenderle.

Luis abre su macuto, saca dos máscaras de oxígeno, me pasa una que coloco sobre mi cara, la otra se la coloca a la mujer tumbada en el banco exánime, luego saca otra que coloca en la boca del niño. Finalmente me pide la mía y se la coloca el mismo sobre su rostro. Menos mal, pienso, es humano y parece que el esfuerzo de ayudarme le está haciendo mella.

Guarda las máscaras, levanta a la mujer del banco como si fuera una pluma y la coloca sobre su hombro. En el otro lleva el macuto e inicia la marcha hacia no se donde, ah, si la casa. 
Agarro al niño por su mano y le voy arrastrando casi pues no pesa casi nada tampoco. Se le ve francamente desnutrido y camina como un autómata de pequeña envergadura.
Un muñeco roto y renegrido que apesta a suciedad y muerte. Igual que yo supongo, a veces uno mismo no se huele, pero mi olor es seguro tan espantoso como el de esto seres.



continuara...............




 

lunes, 27 de octubre de 2014

INCERTIDUMBRE







En poco mas de una hora será noche cerrada, para entonces tenemos que haber encontrado un sitio donde escondernos y pasar desapercibidos para las patrullas descontroladas que pululan tras el toque de queda.
Soldado o no son depredadores que asesinan a todo aquel que pillan, le roban y le dejan tirado en mitad de la calle desángrandose.

Lo que hay dentro de las casas nadie lo sabe. Es seguro que cientos de miles de personas habrán muerto asfixiadas, de inanición o cualquier otra dolencia.
Infinidad habrá puesto fin a sus vidas ante la total falta de esperanza y la ausencia de notilcias.

Son pensamientos que pasan por mi cabeza fruto de la desesperación y el extremo cansancio.
Luis va cargando conmigo, me lleva casi en volandas ante la ausencia total de fuerzas que me permitan sujetarme por mi mísmo.
Me ha  encargado que vigile las ventanas o balcones de todas las casas que vamos pasando. Al menor signo propicio para ocupar una de ellas tengo que avisarle para examinar nuestras posibilidades de entrar dentro de la vivienda.

Este barrio de clase media trabajadora no es tan precavido a la hora de blindar los accesos. Recias puertas, barrotes en los pisos bajos, alarmas que ya no funcionan y poco más.
Derribar una puerta no sería dificil si tenemos la seguridad de que no hay ningún ocupante dentro. Si lo hubiera podría defenderse de nosotros, con razón, pensando que eramos foragidos. No deseamos empeorar más la situación de lo que ya está. 

El tiempo pasa inexorable y nuestra búsqueda de refugio es esteril. No hay ya casi vivos circulando delante o detrás de nosotros. Nadie sale de las viviendas y los que salieron estarán ya casi todos muertos por asfixia o asesinados por otros para robarles sus pertenencias.
La presencia y fortaleza de Luís ha evitado que nadie haya tratado de agredirnos, nos han mirado con resentimiento u odio cuando el me ha auxiliado con la máscara pero nadie se ha atrevido a más. 
Ni tan siquiera a los malvados les quedan fuerzas para atacar, a traición o a los más débiles si, no a los fuertes y decididos como mi amigo. Menos todavía cuando ven el uniforme que lleva, miran confundidos sin entender como un soldado puede caminar entre ellos ayudando a un anciano.

Espera, le digo, creo ver algo en aquel balcón allá lejos.

Se para y me posa con suavidad sobre un baco en la calle, mirá allí, le señalo.
Hay poca luz ya pero con los últimos mortecinos rayos de Sol podemos ver a dos crios que nos hace señas, no escuchamos sus voces pues hay mucha distancia, pero es indudable que está haciéndonos gestos con sus brazos y manos.

Que ocurrirá, me comenta, es súmamente extraño ver a dos crios haciendo esos gestos para que nos aproxímemos a ellos.
Quédate aquí un momento, voy a acercarme un poco más a ellos, a ver si escucho lo que dicen.

Me aterra quedarme solo, es y ha sido mi salvavidas, no soporto que me abandone a merced de las olas de mi propia incertidumbre. Se que estoy vivo gracias a el, también se que si me dejara no viviria más de un momento. El terror que siento viendo todo lo que me rodea me produciria un shock suficiente para acabar definitivamente conmigo.

No es que desee seguir viviendo, deseo volver con mi esposa, abrazarla, tranquilizarla con mi presencia, estará muy asustada por mi ausencia y deseo sobre todo decirle, cielo estóy de vuelta, seguimos juntos.

Echo de menos a mi querido Gatufo también, es seguro que el pobre estará insoportable, sin relacionarse con nadie, justo lo que hace cuando me he ausentado por algunas horas.
Por no decir lo que hace cuando falto unos días, se refugía sobre su silla preferida debajo de la mesa y no aparece ya para nada que no sea, beber agua, ir a su caja de arena, y comer a penas nada.
Pasados cinco o seis dias, aparece huraño y sin relacionarse ya casi con nadie, solo con Cuca y tampoco demasiado.

Estoy solo, inmovil, petrificado mirando hacia todos los sitios. Veo a Luís que está cruzando la plaza y se dirige con dificultad sorteando ramas y cuerpos hasta las proximidades de la casa.
Mira hacia arriba y grita a los crios, les pregunta que desean, y debílmente escucho sus voces ya quebradas de tanto gritar que le dicen, sube, sube, te abrimos la puerta de casa.

Nada más, el asombro va cubriendo mis facciones, que suba?. Que subamos, mas bién, ¿que ocurrirá?. Lo extraño es que una vez terminada la corta conversación cubren sus caras con sendas máscaras y esperan a ver que ocurre.

Pego un respingo cuando siento una mano que toca mi espalda y una voz ronca, cascada, que me dice, ayudame. 
Dáme algo, me muero de sed y hambre. Y otra vez repite, ayudame.

Siento un escalofrio recorrer mi espina dorsal, no me atrevo a volver la cabeza paralizado por el miedo.
El olor ha empeorado, si esto fuera posible, y tufaradas de podredumbre inundan mis fosas nasales.

Otra vez la muerte está próxima a mi, como en el tunel cuando rodeado de cuerpos esperaba ser descubierto y masacrado allí mísmo.




el gatufo













UN MUNDO ASOLADO TRES




Está amaneciendo, la luz se percibe a través de la barrera de cuerpos y desperdicios.
He dormitado a ratos procurando no moverme, por mi cara corren infinidad de bichos o insectos que procuro ignorar.
Son inofensivos en sus picaduras pero transmiten infecciones o enfermedades que ya me da igual. No importa de que vamos a morir cuando es seguro que lo haremos, y si es rápido mucho mejor. Estiro mis piernas y me giro para observar a mi compañero de noche.
Según le voy divisando mi rostro se frunce perplejo  al divisar un uniforme de soldado de lo mas cutre y sobado. Sucio y con machones oscuros que parecen de sangre seca. ¿He dormido con un soldado?. No lo puedo creer.
A su lado reposa un inmenso macuto lleno ¿de que? me pregunto. ¿Será su botín que no desea compartir con los otros?. No te muevas, no digas nada, espera a que despierte me digo.
Si hasta ahora no me ha liquidado será que no tiene intención de hacerlo, así que no le provoques con tus preguntas o acciones, estate quieto y hazte el dormido hasta que el despierte. No tarda mucho en hacerlo, se estira, se incorpora y puedo apreciar que es un muchacho alto y fuerte. El traje le está justo y sus músculos resaltan en su piernas y brazos. Podría estrangularme en un suspiro, pienso, pero no lo ha hecho, ¿por que?. Se inclina y me zarandea suavemente mencionando mi nombre con voz queda.
Abro los ojos y le miro en la cara. Es atractivo, guapo mas bien, y sonríe con amabilidad. Vamos, va siendo hora de salir fuera de este infierno. El toque de queda ya no rige y podemos abandonar nuestro inmundo refugio.

Un momento Luis, le digo, ¿eres un soldado?. 
Comienza a reírse suave, primero, y luego su risa resuena franca y profunda en este asqueroso y tétrico lugar poniendo algo de humanidad en el.

Cuanto tiempo sin escuchar una risa, me conmueve escucharle y esbozo una tímida sonrisa con cara de bobo. Ja,ja, se me olvida. Se me olvida que llevo un uniforme de soldado.
No, no lo soy, es una prenda que le quite a un soldado muerto por una turba de gente que se amotinó hace varios días.
Fue una escabechina, murieron cientos de amotinados, hombres, mujeres y niños además de varios soldados que fueron literalmente linchados por la muchedumbre.
El resto de soldados huyó despavorido abandonando algunas de sus  pertenencias para correr más deprisa.
Arramblé con todo lo que pude y lo fui metiendo en ese macuto que ves. Hay otros dos uniformes, y dos o tres recipientes de oxígeno con sus mascarillas que de momento guardo para cuando todo empeore.
Sigo respirando este inmundo aire hasta que no pueda más. 
Para entonces espero estar fuera de esta ciudad que se ha convertido en una pesadilla infernal. Cruza por mi cabeza una idea disparatada respecto a este joven. 
Si, pienso, puede ser el acompañante ideal para Gloria y su hijito.
Seguro que no querrá cargar con la responsabilidad de conducir a una madre y su hijo por media España. Por probar nada se pierde, pienso, y sin preámbulos le cuento el motivo de estar aquí, con el, de haber pasado una noche infernal buscando a alguien que pudiera acompañar a la muchacha y su hijo, resultando de mis esfuerzos un auténtico desastre.

Le veo pensativo, piensa y cavila durante un largo rato y prefiero no interrumpir esos pensamientos. El anzuelo con el cebo está lanzado, solo es cuestión de esperar y acechar si pica el pez.

El pez está picando, ha mordido el cebo y está presto a ser sacarlo del agua.
¿Como es ella?, me pregunta, ¿es joven?.

Es joven y muy guapa, le contesto, además de amable, cariñosa y muy dispuesta a colaborar. Por todo ello quiero que intente salir de aquí, salvarse ella y su hijo porque lo merecen. ¿Y si fuera yo?, me dice. No tendrías que esperar para ver si está tu amigo, no pondrías más tu vida en peligro, y creo que tras pasar una noche terrible contigo te he tomado aprecio.
Además, añade, me pica la curiosidad de ver a esa joven tan guapa que has descrito. Debe de ser un cielo y hoy nos hace falta mucho ánimo para continuar. 
Una bella mujer y su hijo a los que salvar me dará mucha fuerza y ahincó para perseverar en mi viaje hacia el norte.

Quizás, igual que te ha pasado a ti, no pueda encontrar a mi familia con lo que seguiría hacia el norte de Europa con la bella muchacha y su pequeño.

¿Que opinas?

Opino que eres mi salvador, ya no tengo que buscar más, puedo regresar a casa bien acompañado y es justo lo que mas deseo en estos momentos. No se hable más, me voy contigo y me alegro de hacerlo. Salgamos y nos vamos mentalizando para lo peor. El viaje de vuelta va a ser muy difícil. Tranquilo, tranquilo, llevamos de todo. Incluidas algunas armas que espero no tener que utilizar.

Respirar es un tormento constante, los pulmones estallan, la tos no cesa tratando de expulsar cuerpos extraños introducidos con cada bocanada de aire pestilente. 
La falta de oxigeno es angustiosa, el corazón se acelera al máximo y temo que en cualquier momento sufrir un infarto. 
Mi compañero es mucho mas fuerte y acusa menos la extenuación que siento en mis músculos, no siento los pies, mis piernas rígidas como palos dudo que me sigan manteniendo por mucho tiempo.
Hemos salido del túnel hace unas horas y parece que lleváramos el día entero caminando. 

El caos es si cabe mayor que ayer. 
Ni se preocupan ya de apilar los cadáveres que proliferan por doquier. Niños, mujeres y ancianos están diseminados por cualquier lugar, iban pertrechados con unas pocas pertenencias como si quisieran huir de sus casas.

Habrán salido de madrugada y no han podido andar más de un kilómetro o dos, derrumbándose exhaustos, tosiendo, vomitando, sangrando por narices y boca hasta que un ataque fulminante de corazón o un derrame cerebral acaba con sus vidas y su sufrimiento. Acabaré igual que ellos, pienso, no puedo continuar más. 
El aire es irrespirable y venenoso en grado sumo. Cuando joven fui un experto nadador que aguantaba horas en el agua haciendo largos de piscina o de playa una y otra vez. 
Nunca he fumado, tampoco he padecido severos catarros, y quizás este sea el motivo de no haber sucumbido ya.
En cualquier momento estaré en el suelo, pienso, cuando de hecho he caído ya y no me he enterado. Me ponen una boquilla en la boca y respiro, respiro, es una delicia el aire que llena mis pulmones. Estoy así un segundo aunque no creo tal cosa. Habrá sido un buen rato, me sacuden y abro los ojos. 
En marcha, vamos, tenemos que seguir me dice una voz.

Me incorporo con ayuda y comienzo a caminar de nuevo. A mi lado sigue mi compañero que rápidamente está guardando algo en su macuto. 
Es una mascarilla de oxígeno que me ha dado la vida. Conviene que nadie la vea, menos aún los soldados, por lo que vamos caminando con sumo cuidado, escondiéndonos en el momento que escuchamos pisadas de grupo. El silencio es opresivo. En una ciudad como Madrid el hecho de no escuchar nada, solo algún grito o de vez en cuando algún disparo, es aterrador.
Siempre deseé un poco de silencio, pero no esta calma, me eriza los cabellos presenciar que nada se mueve, nada se oye, se habla con voz queda, nuestras pisadas también son silenciosas debido a la capa de polvo, sangre y suciedad que cubre el asfalto o las aceras. Se escucha el ruido de pesadas botas sobre el asfalto, de inmediato nos escondemos tras varios árboles caídos y observamos atentamente hacia el lugar del que proviene el ruido.

Se oyen juramentos y voces que acompañan a las pisadas.
Un grupo de soldados astrosos con los uniformes sucios y raídos aparece al frente doblando una calle. 

Hablan, tosen, escupen quitándose las mascaras para hacerlo, portan pesados cuchillos en sus manos manchados todos ellos de sangre.
Han dado buena cuenta de los desprevenidos que se han aventurado en las calles tras el toque de queda. El que parece ser el oficial habla por un teléfono móvil. 

No puede ser, pienso, no funcionan los móviles, pero este es distinto y funciona. 
Es indudable pues se dirige a algún superior recabando ordenes e informado de los incidentes nocturnos.

Cuando acaba suelta una blasfemia, manda formar a la tropa de unos quince y esbozando un grotesco paso marcial enfilan por otra calle a la derecha de donde nos encontramos. 
Se alejan, vuelvo a tragar el asqueroso aire con alivio, seguimos nuestra penosa marcha.

Mi compañero me anima, me sujeta, no desea verme morir pues tendría que seguir su marcha hacia el norte solo, y no desea hacer tal cosa. Conocidos de una sola noche y amigos ya para siempre unidos por la adversidad y el sufrimiento.
Andamos, tropezamos, sorteamos cuerpos y arboles putrefactos, seguimos caminando sin parar. ¿Cuanto tiempo? Miles de horas, cientos, no,  solo cinco o seis y nos falta mucho camino aún para llegar a casa.
No percibo nada, solo dolor, estoy sumido en un angustioso sopor que me lleva a desear la muerte de continuo.
Pero no llega, es más me obligan a arrastrarme casi cuando mis pies se niegan a dar el menor paso.
Lo están dando y no se como, no los siento, tampoco las piernas, solo siento mis pulmones arder a cada bocanada de aire que logro impulsar dentro de ellos. El corazón golpea mi pecho como si fuera a salirse, debo estar cumpliendo años en cuestión de horas. 
Si llego a casa mi pelo habrá encanecido de repente como si en lugar de haber pasado dos días hubuieran estado fuera diez años.

Que viejo soy pienso, esto se acaba majo, pero sigue andando. Sigue andando oigo la voz de mi acompañante que casi me lleva en volandas o me levanta por encima de los obstaculos que resulta casi imposible rodear.

Veo caer al suelo a gente que ya no se levanta más. Los que caminan detrás de ellos pisotean las manos o piernas de los caidos, sin ningún respeto pues son imcapaces de rodear los cuerpos que hay sobre el suelo.

Algunos de estos, los que pisotean, caen cincuenta metros mas adelante siendo a su vez pisotedos por los que continuan.
Hemos tocado suelo pienso, esto ya no puede ir a peor, y como siempre que se piensa algo parecido estoy muy equivocado.
No soy consciente del tiempo que ha pasado hasta que me habla Luis con urgencia y me dice que pronto caerá la noche y no tenemos refugio alguno.
Habrá que romper alguna puerta o cristales y buscar un piso o local vacío para pasar la noche.
Habrá centenares de miles pero no hay medio de saber cuales están vacios.

¿Y con que saltamos las cerraduras?. La mayoria de las viviendas o comercios de algunas zonas de la ciudad tienen puertas blindadas. 
La delicuncia indiscriminada llegó a tal extremo que casi ninguna casa carecía de blindaje en su entrada. 
Algunas viviendas de las mejores barrios de Madrid parecen cajas blindadas y no hay forma de acceder a ellas si no tienes la combinación de las cerraduras.

Ya no se llevan llaves metálicas, son códigos recogidos en tarjetas que la genta procura llevar siempre consigo
Si no tienes la tarjeta para insertar en la ranura y teclear posteriormente un código que va variando si lo solicitas, no hay forma de acceder a las viviendas. 

Igual que fortines, solo mediante explosivos puedes entrar en locales o residencias de algunas zonas de esta inhospita ciudad, donde todo ha ido cambiando con rapidez.

Y estamos en una de ellas, me advierte el joven que me arrastra sin esfuerzo aparente, es increible su fortaleza me digo una y otra vez.
Me está hablando, presta atención pienso.
Tenemos que salir de esta zona como sea y acceder a otros puntos de la ciudad donde sea mas facil violentar algun piso o tienda comercial. Aquí nos será imposible refugiarnos, tendriamos que estar en mitad de la calle como si estuviesemos muertos, o al menos fingir que lo estamos.
Estupendo, pienso, no deseo otra cosa que tirarme al suelo y dejarme morir como hacen la mayoria de los que diviso delante de nosotros.
Casi me estampano contra el pavimento al pisar la mano de alguién que grita
y se revuelve con dolor. Lo siento, lo siento, musito, pero no me oye, ha vuelo a estar inmovil sin apenas moverse ya.
No es decente ni moral tener que morir y ser pisoteado por otros mientras tus pulmones arden y la respiracín es un tormento continuo.

La máscara de oxígeno está otra vez sobre mi cara, gloria bendita en forma de grandes bocanadas inundan mis pulmones ardientes, no dura nada esa bendición e inmediatamente el infierno vuelve a desatarse en mis entrañas.

Vamos, vamos, ya es suficiente. No tenemos demasiado y hay reservar me advierte Luis según guarda otra vez la máscasa. Y el? me pregunto, no puede
ser que aguante esta tortura, de que está hecho este muchacho?.
Parece adivinar mis pensamientos. Fuí corredor de campo a través, diez mil y algunos maratones, tengo costumbre de sentirme morir por falta de aire, puedo aguantar un poco más.
Bendito tu, pienso, el deporte te ha servido para algo práctico y vital.
Mas gente se derrumba a cada momento, es espeluznante, parece la marcha de los condenados que no saben hacia donde se dirijen. 
Estamos saliendo de la zona pija, hacia donde ahora me pregunta Luís, y yo le indico con la cabeza que siga adelante, adelante, recto un kilometro y luego torcer a la derecha.  
A paso normal, respirando, llegariamos en una hora pero así será eterno.

Se nos echará la noche encima y los soldados renegados y sin un mando que les controle empezaran a hacer de las suyas.
No hay orden, ni mandato, ni nada que cuidar o salvaguardar. Esto es un infierno anticipado que durará muy poco, pienso, ¿habrá algun tipo de gobierno o control?. 
No lo parece, aunque es posible que en alguna parte todavia resida un poco de orden y esperanza. 
Creetelo, es mejor que dar todo por perdido, no es el fin me digo a mi mismo, ten fe en que muchos se salvaran, no es el final de tu especie. 
El tuyo si, pienso, pero no el de todos. Fíjate en tu compañero, el si tiene muchas posibilidades de sobrevivir, ¿no crees?.

Si, lo creo, y tambien podrá poner a salvo a Gloria y su hijo. 
Venga, vamos, sigue, aguanta, y doy un paso más.     




el gatufo